Thursday, August 31, 2006

Live at Pompeii!!!


La primera vez que ví esta cinta fue hace ya varios años, tenía 18. Recuerdo que fue en compañía de un tipo que me gustaba demasiado, entonces la experiencia fue mucho más potente. Una mezcla de la delicia producida por los estímulos sensoriales del rock experimental y surrealista de los Pink Floyd y las fuertes sensaciones de la líbido contenida. Fue, desde todo punto de vista, una vivencia volcánica.
El grito de Roger Waters en Careful with that axe, Eugene acompañado de las imágenes de la erupción del Vesubio me parecieron alucinantes. De tan sólo recordarlo se me agolpa la saliva en la boca y murmura brillantes garabatos como si envidiara la lava fluyente, como si quisiera unírsele en el viaje.

Mejor no sigo, me callo.

Quería hablarles de Pink Floyd y terminé en un exceso.
Nadie sabe para quién trabaja, señoras neuróticas y señores aburridos.

un beso luminoso, Pame Pollita (no me importa que suene mamón!)

Friday, August 25, 2006

Terror Existencial

Fue un silbido, el que me sacó del sopor que me mantenía fuera de la ciudad, uno de esos que cada noche van y vienen por las esquinas, que no tienen destinatario ni mensaje claro, pero que dejan un halo de bajo mundo criollo, algo así como film rodado en la "m" con inspiración holliwoodense. De pronto reparé en un gran cartel que con luces de neón anunciaba un restorant de comida china, eso supongo, por las formas orientalmente enroscadas que iluminaban mi rostro, absolutamente indescifrables dado mi precario, o mejor dicho, inexistente conocimiento del chino,en fin, me era imposible traducir ese enredo tipográfico, pero daba lo mismo, porque entendí. Entendí que allí vendían comida de esa, no sé si china, pero extraña. Y seguí mi camino, pensando en que vivimos aquí entendiendo a medias el mundo. Gran filosofía. Gran descubrimiento, el mío. Si uno entiende más, se angustia, me dije para tranquilizar mi conciencia y seguí la caminata nocturna, tratando de evadir mi juicio crítico al máximo.
Llegué a una esquina donde había una casa antigua, que me trajo recuerdos vagos de algo, como de un sueño o de otra vida, de mi infancia, me produjo una nostalgia triste, en eso, me llamó la atención una luz fuerte que venía del frente, miré y me encuentro nuevamente con el cartel de comida china. Extrañada, observé cada uno de sus detalles. Si mi memoria no me engaña, cosa muy probable, es exactamente el mismo, me dije, pero inmediatamente pensé que era imposible y seguí mi viaje, tratando de olvidar el extraño suceso. Lo logré con relativa facilidad, pensando en que tenía que buscar trabajo con urgencia extrema. Ya no tenía plata ni para cigarros. Es terrible, llegar a los 27 años, sin haber terminado la u ni tener dedos para piano alguno, cuál será mi piano, me pregunté riendo, no lo sé, tal vez sea la armónica mi vocación y rompí en carcajadas. Riéndome sola en plena calle me encontré de frente con el cartel del restorant chino, miré hacia todos lados, totalmente desconcertada.El desconcierto pasó a ser miedo y el miedo fue tan intenso de pronto, que tuve que contener las ganas de gritar, el cartel de comida china me seguía o estaba caminando en círculos, tal vez toda mi vida siempre seguía un trazo circular del que no podría escapar jamás. Mis manos tiritaban descontroladamente y un sudor helado mojaba mi espalda. Perdida y sin mis ansiolíticos que impidieran el fluir terrorífico de la crisis de pánico, me vi desde fuera del cuerpo, tan inmensamente pobre y sola. La saliva se agolpó en mi garganta, no podía tragar,como si mi propio organismo tratara de asesinarme, no podía respirar y salí corriendo, como si ese acto me fuera a permitir la liberación que deseaba desenfrenadamente.
Corrí dos o tres o mil cuadras, recorrí toda mi vida nuevamente hasta que mis fuerzas no fueron suficientes, no pude más y caí de rodillas. Sentí que la desesperación estaba pasando,abrí los ojos para reincorporarme, levanté la cabeza y me encontré con la luz venenosa y enceguecedora del cartel, frente a mi, gigante y yo tan pequeña e inerme, tapé mi rostro con las manos congeladas de miedo, tartamudeando dije que esto no era real, que estaba alucinando y ésto, paradójicamente, me tranquilizó. Fortalecida, abrí los ojos a empujones de conciencia y pude distinguir en el suelo húmedo negruzco de mi pesadilla, un billete de 10.000. Lo cogí sin creer que aquello fuera cierto, levanté la cabeza y vi que bajo el cartel había una puerta roja, las ventanas del restorant tenían un visillo hermosamente bordado, me paré decidida a entrar y lo hice. Allí estaba muy tibio, llegó un jóven a atenderme y pedí carne mongoliana y arroz chung wa o algo así (recordemos que mi chino, era vergonzoso) y decidí que lo mío no era ni el piano, ni la armónica, sino la literatura.

Del aburrimiento

El aburrimiento logra que la mente divague lejos...muy lejos.
Más allá de lo recomendable por la moral y las buenas costumbres.
Pues, señoras neuróticas y señores aburridos, este es el lugar donde pueden dar rienda suelta a sus más oscuras visiones nocturnas, a alegatos húmedos de sudor, como también historias de perversidad inmensa, sexual, inaguantable para cualquier alma pura que ose pulular por estos rincones cibernéticos.

La libertad de expresión aquí logra el más descarnado de sus ejemplos.

Los invito a gritar, susurrar al oído, decir las palabras prohibidas, los garabatos, todo.

Un amigo me habló de la idiotez de este medio de comunicación, pues me he propuesto abrir un espacio distinto, querido amigo invisible. No me posteen, por favor. Les advierto que puede dolerles si lo hacen.

Un beso tibio, Pame Mella