Hoy, atrapé una araña pollito, después de mi acostumbrado almuerzo en el cerro. Fue toda una experiencia. Tuvimos una larga y lúdica conversación en la que descubrimos que teníamos muchas similitudes.
Al principio, nos miramos con desconfianza. Yo, por su aspecto amenazante; ella, simplemente porque le di mala espina. No la cuestiono.
Le di un empujón con un palito y ella, recia, me respondió con una de sus patas. Fue ese el momento sublime. Ese, el segundo en que nos miramos a los ojos y nos dimos cuenta que no nos queríamos hacer daño, sino que sólo nos teníamos miedo. Allí se frenó la disputa, ahora el miedo no era a la agresión física, sino temimos no comprendernos.
Después de momentos de tensión, en los que pensaba cómo iniciar una conversación con ella, me decidí a preguntarle el nombre_Araña_ respondió. Reí por mi estupidez y le dije, que era un gusto y que me llamaban Pame.
Ella también rió y me preguntó, si acaso quería enterrarle el palito que llevaba en mis manos, le respondí que para nada, que mi intención era, simplemente, que se moviera, que diera señales de vida, que me dejara verla respirar. Me miró extrañada, si mis intenciones eran sólo curiosidad, ¿para qué utilizar un arma?... avergonzada le respondí que le temía. "Esa no es forma de iniciar una amistad", me dijo, dándome una severa lección de humanidad.
En realidad, en el fondo, lo que quería era acariciarle. Me pregunté ¿por qué lo hice? sin obtener respuesta... cuestión que me es bastante familiar, actuar y después no encontrar el argumento que me llevó a hacer tal o cual cosa.
La Araña como leyendo mi reflexión, me dijo, que a todos nos pasaba. Ella se las había tratado de dar de Tarántula cuando era una Pollito... reímos a carcajadas, ambas queríamos parecer animales que no éramos. Ambas estabamos descubriendo nuestras animalidades internas...
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